Caminando de noche en las calles
de una ciudad costera encontré algo que nunca había visto, no era un objeto, no
era un ser vivo, era algo así como un espíritu, un espíritu que estaba parado
en una calle de una ciudad costera.
Imploraba que alguien lo ayudara a entrar en un cuerpo, el
que fuera, decía, pero que necesitaba vivir por un momento, yo le ofrecí el
mío, él acepto.
765 horas estuvimos unidos, él sacó mi espíritu de mi cuerpo
e introdujo el suyo, yo podía ver lo que él hacía y lo que yo hacía.
Una luz morada brillaba en la verde noche de un verano frío,
mi espíritu vagaba por las calles y solía ayudar a la gente que volteaba
desconcertada e incluso asustada. Un señor me detectó y me preguntó por mi
cuerpo, le dije que se lo había prestado a otro espíritu y me dijo que lo
recuperara, porque si no nunca me lo daría.
Yo corrí saltando entre los cables eléctricos que rodean un
estadio incrustado en el mar buscando al espíritu invasor, lo encontré y a
disparos lo saqué de mi cuerpo, pero no me di cuenta que había matado a mi
cuerpo.
Ahora sólo estaba vagando, por otras 765 horas no tuve un
cuerpo donde ponerme, decidí ir a una calle de una ciudad costera a esperar a
que alguien me prestara su cuerpo, aunque fuera por un momento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario